septiembre 28, 2012

Las cadenas de la bestia

La bestia ha debilitado algunos eslabones de sus cadenas a fuerza tirar día y noche. No es libre todavía pero se ilusiona y se imagina galopando en la llanura...

septiembre 26, 2012

Ausencia nocturna

Hoy más que nunca resiento tu ausencia. Ojalá musitar tu nombre hiciera que te materializaras junto  mí, pero ni los mismos dioses tienen ese privilegio.
Hoy más que nunca extraño tus manos tibias que me alientan, tus palabras y tu mirada clara y limpia que hacen sentirme feliz como un niño recién encontrado.
Esta noche me contento con tu recuerdo, amiga, y asumo mi soledad, ancha y espesa como una noche en mi alma, ancha y espesa como tu ausencia en días como éste que expira.

Con la música en la bolsa


Un clavo saca otro clavo; un iPod salva a otro iPod...
Antes que abriera hoy el Monte de Piedad, me vi colocado en la fila para entrar rápidamente. Mis temores no se cumplieron, pues siendo fin de quincena (y de semana) pensé que habría una cola más grande.
Unos niños que acompañaban a sus madres golpeaban el cristal junto al cual estaba de pie el guardia de seguridad.
–¡Abre! ¡Abre! ¡Abre! –le gritaban mientras golpeaban con los puños.
Los guardas en seguida abrieron no porque los niños lo pidieran, sino porque era ya eran las 8:30 am.
Ahora estoy frente a la ventana del valuador de "varios". Los encargados charlan animadamente. La gente no se abarrotó este día.
–Ahora viene el valuador –me dice un hombre de pie junto a la computadora mientras revisaba mis datos personales.
El valuador (que en realidad está ahí, de espaldas a nosotros, pero charlando) se da la vuelta.
Un hombrecillo espigado, de cara larga, cabello de corte militar y anteojos gruesos toma con parsimonia mi amado iPod. Lo activa, se coloca los audífonos, elige alguna pieza, mira el aparato por todos los ángulos. Elige otra música, revisa de nuevo, y después de largos minutos (muy largos en mi tiempo psicológico), lo asienta y me dice:
–Seiscientos pesos.
–No di crédito a lo que oía. Pregunté de nuevo y me repitió: "Seiscientos pesos".
Apreciamos (y valuamos) las cosas por lo que significa para nosotros; no debiera extrañarnos que para otros poco valieran.
Me explicó que los iPod Clásicos ha quedado rezagados. Que la gente prefiere los Touch.
"Por los clásico hemos dado hasta 1200 pesos, luego 800 pero finalmente nos quedamos con ellos y al ponerlos en subasta nadie los quiere porque prefieren los iPod Touch", me explicó.
–Seiscientos pesos....
Definitivamente no me sirven. Mi hosting y mis tintas tendrán que esperar. Así que me retiré con mi iPod en la bolsa un poco abatido pero en el fondo contento, porque –para bien o para mal– todavía tenía a mano mi música preferida.