¿Qué tienen los regalos que nos alegran el espíritu? Y quizás el que más nos hace felices es el que nos llega sin anunciarse, el sorpresivo, el que nos deja con la boca abierta.
Recuerdo que en una Navidad regalé a Flor un libro egipcio que quería tanto, pero que no encontraba: "El libro de los muertos", un texto que habrá influido mucho en el pensamiento de Platón. Le emocionó tanto que lloraba mientras rasgaba el papel que envolvía el volumen...En otra ocasión le regalé un iPod, el cual la sorprendió pero no tanto como lo que costó el aparatito musical.
De mi niñez no recuerdo haber recibido regalos (por eso no espero nada y no me duele cuando no recibo), salvo una ocasión en que que una vecina blanca y alta entregó a mamá una bolsa de plástico transparente llena de conchitas y una pelota de hule verde. Ese día fui feliz, jugando con las conchitas, y siempre me acuerdo de la escena cuando Flor y los niños caminan en la playa escarbando la arena rescatando conchitas y coracolitos.
Me he acordado de estos epidodios porque este sábado pasado, en la Posada del Catecismo, Mariana recibió de "una" Santa Claus una pelota de hule verde igualita a la mía de la infancia, y estuvo tan contenta ese día que la estuvo picando sin parar por mucho tiempo.
Por eso me pregunto: ¿Qué tienen los regalos que nos alegran el espíritu?
Hubo un tiempo, en el Seminario, que me gustó regalar tarjetas en días especiales, como en el Día de la Amistad o Navidad. Hacía pequeños colages o pintaba figuras frutos de mi imaginación y escribía en ellas frases de mis autores significativos. Un día el padre rector, Jorge Villegas Blanco, me preguntó: "¿Por qué no las vendes?". La propuesta me halagó pero los que me conocen saben que adolezco de espíritu emprendedor.
Por eso me pregunto: ¿Qué tienen los regalos que nos alegran el espíritu? ¿Y no es verdad que apreciamos más el regalo que no viene de las personas queridas? ¡Hay del que hace regalos sin ser apreciado porque su obsequio será igual despreciado! (un amigo mío regalaba discos nuevo a una chica frívola y esta muy astutamente copiaba la música y devolvía muy indignada el presente).
Un regalo es la extensión de uno mismo, una forma de darse a la otra persona. Por eso aunque sea sólo un detalle éste adquiere un valor importante en el momento que se recibe. Una vez, una mujer -la más linda del grupo- se acercó discretamente a mí, se pegó a mí y entralazó mi mano, depositando en la mía una pequeña figura de hule curiosísima y se alejó sonriendo, mirándome con una mirada de complicidad.¡Qué feliz me hizo!
No he recibido grandes regalos materiales. En cambio he sido bendecido con las amistades de muchas personas, todas tan valiosas, tan dignas de ser amadas, tan queridas. Pienso en sus nombres.
Por eso me pregunto: ¿Qué tienen los regalos que nos alegran el espíritu?
A Pedro le hicieron una recomendación por su catequista: "Ahorra una pequeña cantidad. Compra un regalito y colócalo en el árbol de Navidad, y dáselo a la primera persona que golpee en tu casa pidiendo una ayuda el día 25".
Un regalo puede ser la salvación de una persona.